Arte, Santa María de Melque

Aproximadamente a 3 km del castilla de Montalban, enclave templario, se encuentra un lugar sagrado que ha suscitado alguna polémica: la iglesia de Santa María de Melque. Según el historiador Luis Caballero Zoreda, es obra de los visigodos en el s. VII. Según otros autores ( Manuel Gómez-Moreno, Vicente Lampérez, Valcarcel y Cedillo), el templo fué construido por los mozárabes entre los s. IX y X. La tipología de la iglesia, semejante a San Miguel de Celanova, Santiago de Peñalba, y San Miguel de Escalada, abona la segunda hipótesis, propugnada por Cedillo, pero la estatígrafía y las similitudes con Santa Comba de Bade, San Pedro de la Nave, Quintanilla de las Viñas y Santa Lucía del Trampal remiten a su origen visigodo.
En todo caso, es muy posible que el Temple estuviera muy interesado en custodiar aquellas tierras, precisamente, por la existencia de aquel santuario. (Hasta hace muy poco años, por cierto, se utilizaba como almacén de trastos por parte de un ganadero). Según una leyenda de la comarca, hay una galería subterránea que va desde el castillo de Montalban hasta la iglesia; en el relato se afirma que los caballeros templarios escondieron sus tesoros en ese pasadizo tras la disolución de la Orden. Los lugareños cuentan algunas anécdotas que confirmarían la tradición legendaría. Una mujer decía que su padre << llevaba a pastar a los corderos cerca del castillo y que, algunas veces, le desaparecía alguno. Luego, llegando a la iglesia, lo encontraba saliendo de una cueva cercana>>.
En el interior del templo hay un pozo profundo, que parece tener continuidad por una galería aneja; puede que ese subterráneo llegue incluso hasta el impresionante barranco del río Torcón, a la espalda del castillo.
Estas tierras son duras, inhóspitas. ¿ Qué había en aquel lugar que pudiera interesar a tantos grupos humanos durante tanto tiempo? ¿Estamos de nuevo ante un caso de ubicación idónea para lugares sagrados? Antes los visigodos, mozárabes y templarios, este emplazamiento fue ocupado por los romanos: la existencia de hasta 5 presas de almacenamiento de agua prueba el interés del Imperio en esta zona. Algunos expertos piensan que se trataba de piscifactorías para salazones; otros opinan que los estanques se utilizaban como lavaderos de mineral.


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